Nuevos códigos para bicicletas en las calles de Buenos Aires

Las bicisendas porteñas alcanzan una extensión de 236 kilómetros (llegarán a los 250 a fin de año), lo que permitió que el porcentaje de los viajes que se realizan en bicicleta en la ciudad pase del 0,4% al 4% entre 2009 y 2019. Pero el crecimiento no solo es numérico: se han incorporado nuevos actores, como las bicicletas asistidas eléctricamente o los monopatines eléctricos, y la convivencia, aunque buena, no está ajena de tensiones.

La falta de respeto a las normas de tránsito -las mismas que valen fuera de la bicisenda, como detenerse ante el rojo del semáforo- se cuentan dentro de las principales quejas de los propios usuarios. «La mayoría de los ciclistas manejan como si fueran inmunes a las señales de tránsito», se queja Silvana Bridas, de 42 años, usuaria habitual de las ciclovías de Núñez. «Es habitual que cuando freno porque se puso el semáforo en rojo me pasen por el otro carril y me miren como si yo fuera tonta por respetarlo», agrega.

«Son los mismos ciclistas que, cuando no hay bicisenda, andan en contramano por las calles, o por las veredas, poniendo en riesgo a los que vamos caminando», señala desde su lugar de peatón Marcos Aguirre, de 47 años, vecino de Belgrano.

Otro mal hábito que rankea alto entre los usuarios de bicisendas es desplazarse con la atención puesta en el celular. «Hay ciclistas que manejan hablando por teléfono, muchos colegas lo hacen», advierte Emmanuel Ruiz, de 34 años, que con su bici brinda servicio para un delivery. «Yo trato de frenar cada vez que tengo que leer el celular porque me pasó de estar usándolo y empezar a perder el equilibrio», reconoce.

Otra de las faltas comunes sobre ruedas, de las más graves, es circular sin los requerimientos básicos de seguridad, como el uso de cascos o de luces reflectivas. «Hay problemas de educación vial y donde sí hay un déficit, y hago el mea culpa, es en el uso de dispositivos de seguridad», dice Manuel La Sala, arquitecto de 34 años, que utiliza los monopatines eléctricos públicos para viajes cortos que complementan el uso de colectivo o subte. «Al no ser tu vehículo y al tomarlo de la calle no usas el casco porque no andás con uno todo el día en la mano», explica a modo de reflexión.

Modificar estas conductas está en los planes de quienes fiscalizan el tránsito porteño. En los últimos meses se han comenzado a implementar controles a los ciclistas, que incluso implican la posibilidad de multar a quienes no cumplen con las medidas de seguridad (el valor de la multa es de 1.480 pesos por cada infracción; así, si un ciclista circula sin casco y sin luces reflectantes deberá pagar 2.960 pesos).

«Desde abril se comenzó a infraccionar a los ciclistas que realizan algún tipo de reparto, ya sea mensajería o sustancias alimenticias, y no cumplen con las medidas de seguridad correspondientes (casco, luces reflectivas) o circulan por la vereda o en contramano – comentó Juanjo Méndez, secretario de transporte de la Ciudad de Buenos Aires. En un contexto en el que la cantidad de viajes en bici creció exponencialmente entendemos que es importante incentivar el cumplimiento de las normas básicas de circulación desde la fiscalización».

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