Importantes avances en la donación de órganos

Desde la ley de donación y trasplante -aprobada en 2018 y reglamentada en enero-, conocida como ley Justina, se lograron grandes avances en el país. Sin embargo, según una encuesta, cuatro de cada diez porteños admiten no estar informados sobre la donación de órganos

«Pasamos de hacer un promedio de 3,5 trasplantes diarios a 4,8. Es un aumento muy significativo en comparación con el primer cuatrimestre del año pasado. Proyectamos terminar este año cercanos a los 18 donantes por millón de habitantes», explica Alberto Maceira, presidente del Incucai.

Según el Incucai, el año pasado la Argentina alcanzó su récord histórico de donantes, llegando a 15,75 por millón de habitantes (en 2017 habían sido 13 por millón), y logró bajar drásticamente la negativa a la donación, pasando del 40 al 17%.

Sin embargo, los referentes creen que todavía hay mucho camino por recorrer para cerrar la brecha entre los que están en lista de espera (actualmente 9.940 personas) y los donantes. «Aún estamos lejos de los líderes mundiales como España, que tiene 48 donantes por millón de habitantes, o Croacia, con 40. Tenemos mucho por crecer», considera Beveraggi.

Atento a esta necesidad, el Incucai está formando 40 becarios en procuración, es decir, coordinadores hospitalarios que están trabajando en los diferentes hospitales del país, quienes además reciben un curso de formación de un año a través de un formato presencial y virtual. Maceira cuenta que ya están incorporando la tercera camada con muy buenos resultados: «Los hospitales en los que ellos están trabajando son justamente los que más han impactado en donación y trasplante», subraya.

Para el presidente de la SAT, falta darle jerarquía, profesionalización y capacitación permanente a todo lo que es la tarea de la procuración. «Cuando uno crea servicios, crea cargos que son rentados. Los procuradores tienen que tener sus recursos asignados», sostiene.

Otra de las mejoras en las que trabaja el Incucai es en la detección de los pacientes con muerte encefálica: los potenciales donantes. «Necesitamos más comunicación por parte del sistema sanitario; que los servicios de salud, y las terapias intensivas sobre todo, entiendan que un paciente con muerte encefálica es el inicio de otro proceso», enfatiza Maceira.

Generar más equipos de trasplante en el sistema público es también un desafío que se plantea el Incucai para el año que viene, ya que quedan «regiones por cubrir».

Beveraggi sostiene que para poder hacer frente a los cambios que contempla la ley hace falta la decisión política de destinar más recursos a la donación y el trasplante.

«Al haber más donantes se puso en evidencia lo muy ajustado que está el sistema en cuanto a equipos, insumos y logística. Tenemos que abogar todos para lograr mayores recursos en estructura, procuración, infraestructura y formación», reflexiona Beveraggi, y ahonda: «Necesitamos mejores laboratorios de histocompatibilidad en el interior. A veces tienen que trasladar muestras de una provincia a la otra, eso demora mucho el operativo y en ese tiempo los donantes se deterioran».

En 2017 y 2018, el presupuesto del Incucai fue de 206.000.000 de pesos. Este año, tuvo un aumento del 14%. Maceira reconoce que el aumento de la cantidad de donantes implica la necesidad de un incremento presupuestario y para ello están en conversaciones con la Secretaría de Salud del Gobierno nacional.

Seguir concientizando a la población y hacerlo desde edades tempranas es otra de las prioridades. En conjunto con los padres de Justina Lo Cane, el Incucai está desarrollando material didáctico para trabajar en las escuelas. Asimismo, trabajan con el consejo interuniversitario de rectores para empezar a incluir la temática en algunas carreras de grado relacionadas a la salud.

Schaab está convencido de que hay que informar para «derribar los mitos y los miedos». «Como decía Justina, con un donante podés salvar hasta siete vidas», concluye.

Cuatro de cada diez porteños admiten no estar informados sobre la donación de órganos

Una encuesta reciente revela lo que piensan y cuánto saben los porteños sobre el tema de la donación: pese a la «Ley Justina», que se reglamentó en enero de este año, cuatro de cada diez admitieron que no están lo suficientemente informados sobre la donación de órganos, y demostró que al menos el 30% de los participantes no está dispuesto a ser donante tras su muerte, pero el 86% lo sería en vida.

La falta de información generó situaciones como que el 30,3% no desee ser donante tras su muerte o que el 62,7 % crea que existe un mercado negro de tráfico de órganos.

El análisis incluyó las respuestas de 700 participantes mayores de 16 años de la Ciudad de Buenos Aires.

De hecho, el 41,1% de los participantes reclamó que no tiene la información que le gustaría tener sobre el tema, y un 82 % consideró que los medios deberían difundir más contenidos acerca de la donación de órganos y tejidos.

Pero lo más notable de la encuesta es que, si bien el 86,3 % de los encuestados donaría un órgano en vida a un amigo, un familiar o un completo extraño, el 30,3 % estaría dispuesto a dejar constancia sobre su negativa a donar tras su muerte.

La reglamentación de la ley N° 27.447, también llamada Ley Justina por Justina Lo Cane, la nena de 12 años que murió en la espera de un corazón, estipula que toda persona mayor de 18 años es posible donante salvo que haya expresado lo contrario.

El 53,5% de los encuestados por la UAI afirmó que la Ley Justina es positiva, y el 61,1% opinó que las listas de prioridad para determinar el orden de los trasplantes «funcionan honestamente».

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