Proyecto para integrar la costa porteña

Una extensa y sinuosa línea naranja permite señalar que los 20 kilómetros de costa porteña, entre el Parque de los Niños y el Riachuelo, podrían convertirse en sendero peatonal y de bicicletas y que el frente fluvial de la ciudad podría integrarse y dejar de estar compartimentado. La distancia entre ambos puntos hasta podría servir de escenario para los 42K de Buenos Aires, que se suelen correr en septiembre y cada año suman competidores.

A esa conclusión, que incluye nodos de transporte público para vincular, por ejemplo, el aeroparque Jorge Newbery, Punta Carrasco y la villa 31 con el resto de la ciudad o viviendas en la abandonada isla Demarchi, llegaron los primeros 14 estudiantes de Arquitectura de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), que se recibirán antes de fin de año.

La propuesta de los jóvenes fue expresada en una maqueta de 6,40 por 2,40 metros y mereció el premio a «Una nueva visión urbana de las ciudades» en la 17a Bienal BA Internacional de Arquitectura, que se desarrolló en la Usina del Arte y que se presentará en el próximo encuentro de la Red para la Colaboración de Ciudades y Puertos (RETE), que se realizará en Cádiz.

«Desde primer año nos enseñaron a mirar y a caminar la ciudad, a pensar todos los escenarios posibles y a tener una visión integral», explicó Ángeles Denari, integrante del equipo de estudiantes que desarrolló el proyecto premiado por sus «futuros pares», como lo calificó el arquitecto Roberto Converti, director de esa carrera de la UADE.

Junto con Denari, el equipo se completa con Jessica Cabrera, Florencia Capelli, Sofía Carbajal, Bruno Cocarico, Lucas Di Paola, Julieta Giacobbe, Juan Sebastián Jijón, Lis López Hernández, Victoria Madrussan, Juan Cruz Méndez Pin, Camila Moser, Solana Nanut y Victoria Rodríguez.

Los 14 alumnos compartieron las aulas en estos cinco años, pero fue este proyecto el que los hizo conocerse en profundidad. Entre mayo y octubre, trabajaron juntos y organizados en equipos para realizar las investigaciones de campo, el manejo del Autocad (el programa informático de diseños y planos) y la realización de la minuciosa maqueta en la que se ve cómo puede cambiar el frente costero con sus iniciativas.

«Tenemos una visión más sensible que la de alumnos de otras facultades, porque cursamos urbanismo desde primer año», argumentó Rodríguez. Esa manera de encarar la carrera, que ya cuenta con 350 alumnos y cuya matrícula crece año tras año, es clave en la formación porque fue diseñada para la resolución integral de espacios, de infraestructura y de la calidad de las relaciones humanas.

«Hagamos lo que hagamos [en el futuro], siempre será para mejorar la calidad de vida de la gente», confió Moser, mientras que Cocarico resumió que la carrera le dio una «visión muy distinta del mundo, de las ciudades y de las personas».

No solamente cursaron todos juntos la carrera, sino que en los meses en que compartieron el trabajo para presentar este frente costero integrado con la ciudad, que propone hasta una nueva manera de llegar desde Retiro hasta la terminal de cruceros en el puerto, los estudiantes contaron con el apoyo de los dos directores de la carrera, Converti y el arquitecto Max Zolkwer, y de los profesores Guillermina Muñiz, Florencia Kihara, Raúl Navas, Pablo De Gregorio y Santiago Clerici.

«Aprendimos desde la logística del proyecto hasta la administración de los gastos», contó López, mientras que Di Paola confirmó su vocación: «Me gustaba bastante el diseño, pero con esto me di cuenta de que esta es mi carrera».

De los 14 jóvenes, 12 ya hacen equilibrio entre los estudios y el trabajo, mayoritariamente en temas vinculados con el diseño, la arquitectura y el urbanismo.

¿Será posible convertir en realidad la iniciativa premiada en la bienal de arquitectura? «Hay muchos lugares que tienen mucho potencial y se puede revertir el abandono en áreas de desarrollo urbano», se entusiasmó en responder Denari.

De hecho, la maqueta ya incluye las obras más recientemente inauguradas en la ciudad como el Paseo del Bajo, que cambió la manera de circular entre el Norte y el Sur de la Capital, tanto para el tránsito pesado como para el de pasajeros y particulares.

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